viernes, 22 de febrero de 2013
Jardin Tribilin
Hace unas semanas nos conmovimos
con la noticia del maltrato del que eran objeto
los niños que concurrían a un jardín maternal de San Isidro; los medios
por su parte se encargaron de que no quedaran dudas sobre lo que allí sucedía repitiendo
una y otra vez los audios con el llanto de los niños como telón de fondo….
En una columna de opinión la ex Ministra de
Educación de la Prov. De Bs As Silvina Gvirtz, por quien guardo respeto por su
posición ética que la llevó a renunciar a su cargo, remarcó entre otras cosas la
necesidad de que se intensificaran los controles sobre las habilitaciones de
los establecimientos educativos y sobre la necesidad del fortalecimiento de la
formación docente. Por supuesto que coincido en estos aspectos pero considero
que lo sucedido en el jardín no puede agotarse en ello. De hecho si se tratara de las
condiciones edilicias, un amplio
porcentaje de las escuelas públicas de la provincia no pasarían la prueba. Por
otra parte si bien la formación pedagógica es una condición necesaria, no es
suficiente ya que no todo es “enseñable” como por ejemplo la calidad humana que
evidentemente brillaba por su ausencia entre el personal que estaba a cargo de
los niños.
Por otra parte los medios también
sirvieron de escenario para que distintos profesionales explicaran las secuelas
que este tipo de hechos podía dejar en los niños y por supuesto no perdieron la
oportunidad de remarcar la necesidad
de que los niños tengan tratamiento psicológico. La justicia misma ordenó que
se les realizaran a los niños pericias psicológicas. Me pregunto: ¿Con qué fin?
¿Qué se pretende evaluar? No se necesitan demasiadas luces para percibir que
una experiencia como la que vivieron estos niños no será sin consecuencias, de
lo que no puede decirse nada es de cuales serán para cada uno en particular;
para ello deberemos esperar a que los
niños digan, aún cuando no hablen. Los padres, las familias serán las
encargadas de precisar de qué se trata en cada caso y si es oportuno o no
realizar alguna consulta a pesar de que el discurso “psi” imperante pretenda
convencernos de que sin su
intervención no existe saber alguno. Esa
misma ciencia que apuntando al universal, al para todos lo mismo a través de
mediciones, tests, interrogatorios preestablecidos no hace más que estigmatizar
produciendo efectos de segregación. Quienes hayan visto el documental La infancia bajo control sabrán de que
hablo; quienes no, los invito a hacerlo.
Karina Perez
lunes, 5 de noviembre de 2012
viernes, 7 de septiembre de 2012
Reseña de la clase de Ana Ruth Najles- 24 de agosto de 2012
En el marco del Seminario Clínico anual del Insitituto Oscar Masotta, y siendo
esta la
tercera clase, la docente Ana Ruth Natjles retoma el capítulo 15 de “Los signos del
goce”, curso de Miller en el cual se viene trabajando desde el 2011, y comienza
haciendo referencia a una cita de Lacan del seminario 11 donde dice: “la praxis
(…) posibilidad de tratar lo real mediante lo simbólico” Otro modo de decir
esto es como operar sobre el goce a partir del significante. La docente hace un paralelismo y ubica :
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Real
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simbólico
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Goce
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significante
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Ello
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inconsciente
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Y dice que Lacan intentara ubicar una medida
en común entre los términos. Luego, en RSI, él da una definición de síntoma que
es igual a la definición de práctica, como “efecto de lo simbólico en lo real”
Como es posible que haya simbólico en lo real?
Cual es la medida común entre simbolico y real?
Esto es lo cuestiona, en la teoría de Lacan, la categoría de
significante (S1-S2) y promueve la
categoría de letra (S1) . Y ya en el seminario 24 define al Sinthome: “como un modo de gozar del inconsciente, en
tanto este nos determina”. Es decir que el síntoma es un Luego, la docente toma
el capítulo 16 de este curso, que comienza con el título: “Tu eres tu síntoma”.
Miller, a partir del desarrollo que viene realizando, se pregunta ¿qué es lo
que hace insignia? Ella ubica en la enseñanza de Lacan, que lo que hacía
insignia en un primer momento, era la
Imago. Luego el fantasma y ahora es el S1.Insignia, en el seminario de Joyce, lo define como: índice y emblema de aquel qua acepta “tu eres eso” Es decir, identificarse con eso. Esto es lo que propone Lacan para el fin del análisis, la identificación al síntoma, lo cual supone un atravesamiento del fantasma. Un atravesamiento ndel sentido al fuera de sentido.
Avanza un poco la clase, y ubica que lo común entre síntoma y fantasma es el GOCE. Y diferencia este goce en dos: Goce-sintoma / Goce –sentido
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GOCE –CUERPO (síntoma)
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GOCE-SENTIDO
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S1
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S/◊a (S/=S1-S2)
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Letra
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Significante
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Satisfacción pulsional
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verdad
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Gozar supone un cuerpo afectado por el
Inconsciente, es decir un cuerpo afectado por el lenguaje. Introduce el
Seminario 9 de Lacan, donde el trabaja: la identificación, y ubica el S1 en una
doble función:
-
de marca: mortifica el cuerpo, es
decir que barre el goce del cuerpo (sgte unario)- de corte: vivifica el cuerpo, es decir que recorta zonas erógenas que condensan goce (letra)
En “Una
satisfacción sui-genesis” dentro del
mismo capitulo, comienza diciendo que gozar de un cuerpo es gozar del
inconsciente.
Y para concluir, la docente señala que en un
análisis de lo que se trata es de una operación de reducción la cual se opone a
la interpretación (sentido). En un comienzo de un análisis se tratara del
inconsciente transferencial, el cual esta lleno de sentido. Para luego llegar a
la operación de reducción. Es decir, reducir el sentido gozado para llegar al
silencio de la pulsión.
Y ubica que el obstáculo del fin de análisis
es la transferencia. Y que si se
eterniza la transferencia , se produce un desciframiento continuo que lleva a
al goce sentido.
“El
analista es un síntoma producto de un análisis”
Luciana Nieto
miércoles, 22 de agosto de 2012
sábado, 31 de marzo de 2012
El síntoma como herramienta funsamental de la clínica psicoanalítica
Por Graciela Schnitzer *
A nivel de esta respuesta del Otro, ubicamos lo que llamamos poder discrecional del oyente o la omnipotencia del Otro. El valor de la respuesta no es tanto explicar qué quiere decir el grito sino: que quiere decir algo (hay significante), que ese grito expresa al sujeto, lo representa. Miller nos dice que el ejemplo permite que nos hagamos una idea de cómo empieza a existir el significante. Por la recepción que le da el otro, el grito deviene una significación del sujeto, el grito como trozo de realidad es elevado a categoría significante.
A partir de la respuesta de ese Otro el grito tiene al sujeto como significación (hay ste: hay sujeto). Así llamamos insignia a ese significante del Otro que es la respuesta (interpretación) al grito. Y ese sujeto estará representado por ese significante S1(rasgo unario) que cae del Otro afectándolo, marcándolo inclusive con cierta violencia constitutiva.
Del lado de la respuesta ubicaremos el resorte de la identificación primera y del lado del S1 los efectos. Este esquema es básico y en los capítulos que les mencioné Miller lo irá complejizando y utilizando su lógica para abordar otros temas.
Una vez que entendimos este circuito podemos volver al párrafo de Lacan a ver si lo entendemos mejor “El sujeto se complacerá en encontrar en el otro las marcas de respuesta que fueron poderosas para hacer de su grito, llamada” esa es la orientación natural hacia la insignia, esa complacencia.
Pero más adelante en el seminario nos encontramos con algo que completa de algún modo la comprensión del párrafo y que me pareció que fundamental para entender lo que quiere plantear. Nos dice que hay que “corregir” la idea que tenemos de la llamada omnipotencia del Otro ya que Lacan aclara varias veces que el sujeto manipula al Otro diciendo “No deberíamos olvidar que la experiencia analítica muestra que la posición del Otro por más amo que sea, surge porque el sujeto hace nacer en otro al Otro” A ese Otro que tiene la omnipotencia de la respuesta el sujeto lo hace nacer y lo manipula. Y para qué lo manipula?
La manipulación le permite al sujeto obtener una respuesta a su medida (la medida de su fantasma) que es lo que llamamos efecto de identificación subjetiva. Es un efecto estructuralmente necesario que el análisis recorre para desmontar, ya que el analizante vendrá a la consulta a denunciar de algún modo los efectos de sufrimiento que ello le acarrea.
A nivel de lo que llamamos neurosis de tranferencia, se deduce que “el paciente sugestiona al analista a fin de obtener de él la respuesta exigida por su fantasma para la constitución de su síntoma”.
Hasta acá quería transmitir. Por lo menos a mi esta lectura me produjo inquietud por seguir leyendo el seminario ya que abre nuevas preguntas.
Hace dos años que el programa de nuestro seminario clínico está alrededor del concepto de síntoma. Hace dos años fue El síntoma: del sufrimiento a la satisfacción y ahora estamos con un programa bianual que lleva por título El síntoma como signo de goce.
La idea del síntoma como herramienta nos invita a pensar varias cuestiones, es una idea central para la orientación psicoanalítica y específicamente para lo que llamamos orientación lacaniana. Una herramienta puede ser un instrumento para reparar algo que no funciona, puede ser el medio para lograr un arreglo o inventar un nuevo modo de funcionamiento. Pudiéramos decir que ésto es así para la orientación lacaniana con algunas condiciones, eso incluiría preguntarnos qué es lo que se repara y qué entendemos por reparación aunque podemos anticipar que nos conviene más ahí la palabra arreglo asociada al acuerdo entre partes.
Efectivamente lo que en lo orientación Lacaniana buscamos al principio de la cura cuando un paciente llega a sus primeras consultas es constituir los síntomas, formalizar, darle forma vía el significante a aquello que el sujeto presenta como un sufrimiento ya tome la forma de queja sobre él o los demás que es lo más frecuente. Y es porque sabemos a partir de Freud (y no antes) que el síntoma es un anudamiento que entre otras cosas ata sufrimiento y satisfacción. Si entendemos al síntoma como herramienta es porque pensamos que nos conduce al corazón de ese nudo.
¿Y qué entendemos por eso que llamamos “arreglo”? El psicoanálisis inventado por Freud, parte de la idea de una falta, desde el comienzo hay para el ser humano una falta de adecuación del sujeto con el objeto pulsional, el objeto se presenta siempre como no adecuado totalmente a la necesidad, esto puede tomar la versión del objeto prohibido del Edipo por ejemplo, pero entendemos que se trata de una versión del objeto perdido. Es inaccesible no porque alguien lo prohíba sino porque es imposible. La prohibición es una imaginarización de la imposibilidad. Verificamos que en el ámbito de lo humano, para decirlo de otra manera, la cosa no encaja, nunca se encuentra exactamente lo que se busca.
Entonces volviendo a la cuestión del arreglo, nos percatamos que el único modo de entenderlo es: “eso” que cada sujeto tendrá que hacer con su inadecuación o falta estructural. Pero cuando llegamos a este punto nos encontramos que lo que se constituye es un nuevo síntoma (que ya dijimos que no lo escuchamos como disfunción sino como anudamiento). Así este nuevo síntoma coincide con el arreglo, el síntoma es un arreglo en sí mismo, arreglo de lo imposible de arreglar. De este modo podremos decir que tenemos al síntoma herramienta y al síntoma arreglo como dos dimensiones del síntoma en nuestra práctica.
Pasando a un segundo punto me gustaría comentar algunos párrafos del seminario “los signos del goce” de Miller que es el seminario que estamos trabajando. Algunos párrafos que pueden condensar lo que trabajamos el año pasado y pueden guiarnos para el inicio. Son algunas precisiones que encontramos en los capítulos 7 y 8.
De modo general podemos decir que el seminario que estamos trabajando hace un recorrido de la identificación al síntoma para lo cual toma diversos textos de Lacan y por supuesto de Freud. Los signos del goce y por una derivación del lenguaje, “lo que hace insignia”. Eso estamos trabajando, qué hace insignia? En el sentido que distingue al sujeto con la marca de lo simbólico que otorga el Otro. Cómo se produce esa operación por la cual el sujeto se distingue del resto, de los otros, produciendo eso que llamamos identidad propia que para el psicoanálisis tiene que ver con la identificación.
En estos capítulos trabaja algunos párrafos de un texto que se llama “Observaciones sobre el informe de Daniel Lagache” De allí extrae un párrafo que se los cito casi (p 658) textual, indica que el sujeto se “complacerá” bra) en encontrar en el Otro las marcas de respuesta que fueron poderosas para hacer de su grito, llamada. Y nos aclara que se trata de las marcas de la omnipotencia de la respuesta del Otro. Por último cierra el párrafo así “No es en vano si se llama insignes a esas realidades. Este término es aquí nominativo. Es la constelación de esas insignias lo que constituye para el sujeto el Ideal del yo”.
Miller nos dice lo siguiente que “La orientación lacaniana va en sentido contrario de la orientación natural del sujeto hacia la insignia” y va desarmando el párrafo de Lacan por pedacitos para explicarlo.
Me interesó este párrafo como lo trabaja Miller para tomar hoy porque habla de qué es la orientación lacaniana en términos clínicos, es decir que lo que la define es la orientación por el síntoma (como herramienta y como arreglo) y me parece que la indicación de que en la clínica vamos a contrapelo de eso que llama orientación natural del sujeto es como una brújula.
Para entender ese párrafo de Lacan que tiene una gran consecuencia en la clínica podemos empezar por definir la insignia como lo hace Miller de un modo sencillo: “Lacan llama insignia a las marcas de la respuesta del Otro”. El conjunto de esas marcas es aquella constelación que permite la representación (significante) del sujeto.
Y de qué se trata eso de “las marcas de la respuesta del Otro” que es lo que define a la insignia? Para esto Miller nos propone un esquema básico que después lo va complejizando gradualmente. Es como un esquema mítico de un tiempo 0 de puro biológico y el surgimiento del sujeto con las marcas de la palabra del Otro encarnado en los otros (el padre, la madre, etc) El psicoanálisis piensa un sujeto hablado por el Otro y esta dimensión es transvital ya que se habla de él antes de su nacimiento y luego de su muerte. La constitución de la insignia se basa en una elevación de una realidad al significante.
Entonces el esquema es así, podemos plantearlo en tres tiempos para explicarlo: tenemos primero el grito que sería una emisión sonora en, bruto como un fonema en estado puro. Se trata de una ficción teórica ya que es imposible ubicar el grito fuera del lenguaje. Para que ese grito se convierta en llamada, debe haber Otro que lo reconozca y lo aloje.A nivel de esta respuesta del Otro, ubicamos lo que llamamos poder discrecional del oyente o la omnipotencia del Otro. El valor de la respuesta no es tanto explicar qué quiere decir el grito sino: que quiere decir algo (hay significante), que ese grito expresa al sujeto, lo representa. Miller nos dice que el ejemplo permite que nos hagamos una idea de cómo empieza a existir el significante. Por la recepción que le da el otro, el grito deviene una significación del sujeto, el grito como trozo de realidad es elevado a categoría significante.
A partir de la respuesta de ese Otro el grito tiene al sujeto como significación (hay ste: hay sujeto). Así llamamos insignia a ese significante del Otro que es la respuesta (interpretación) al grito. Y ese sujeto estará representado por ese significante S1(rasgo unario) que cae del Otro afectándolo, marcándolo inclusive con cierta violencia constitutiva.
Del lado de la respuesta ubicaremos el resorte de la identificación primera y del lado del S1 los efectos. Este esquema es básico y en los capítulos que les mencioné Miller lo irá complejizando y utilizando su lógica para abordar otros temas.
Una vez que entendimos este circuito podemos volver al párrafo de Lacan a ver si lo entendemos mejor “El sujeto se complacerá en encontrar en el otro las marcas de respuesta que fueron poderosas para hacer de su grito, llamada” esa es la orientación natural hacia la insignia, esa complacencia.
Pero más adelante en el seminario nos encontramos con algo que completa de algún modo la comprensión del párrafo y que me pareció que fundamental para entender lo que quiere plantear. Nos dice que hay que “corregir” la idea que tenemos de la llamada omnipotencia del Otro ya que Lacan aclara varias veces que el sujeto manipula al Otro diciendo “No deberíamos olvidar que la experiencia analítica muestra que la posición del Otro por más amo que sea, surge porque el sujeto hace nacer en otro al Otro” A ese Otro que tiene la omnipotencia de la respuesta el sujeto lo hace nacer y lo manipula. Y para qué lo manipula?
La manipulación le permite al sujeto obtener una respuesta a su medida (la medida de su fantasma) que es lo que llamamos efecto de identificación subjetiva. Es un efecto estructuralmente necesario que el análisis recorre para desmontar, ya que el analizante vendrá a la consulta a denunciar de algún modo los efectos de sufrimiento que ello le acarrea.
A nivel de lo que llamamos neurosis de tranferencia, se deduce que “el paciente sugestiona al analista a fin de obtener de él la respuesta exigida por su fantasma para la constitución de su síntoma”.
Hasta acá quería transmitir. Por lo menos a mi esta lectura me produjo inquietud por seguir leyendo el seminario ya que abre nuevas preguntas.
* Presentación en la clase inaugural de las actividades del año 2012, bajo el mismo título
martes, 29 de noviembre de 2011
La fuerza y el dominio, por Verónica Carbone
1. Fronteras
Se suele decir que el psicoanálisis trata la singularidad, el uno por uno, mientras que el discurso social tiende al “para todos”. Pero ¿dónde está el límite? La misma separación de fronteras es parte del problema. En todo caso, la división no es lineal, y puede tornarse escabrosa. También resulta más interesante el desafío intelectual y la invitación a persistir en la reflexión.
La violencia, como hecho y como tema suscita obstáculos al pensamiento. Preocupa y el debate rebasa los límites particulares. Se repiten situaciones. Surge la denominación, se dice: “violencia de género”. El nombre se presenta cuando la densidad de los actos hace emerger lo subterráneo hacia la circulación común. Alarmados, los sociólogos, periodistas, estudiosos acuden a las estadísticas. Se desayunan preguntándose ¿es un problema social? Deambulan mujeres golpeadas ocultando malamente los moretones, calladas víctimas de la violencia familiar.
2. Violencia
Pero, ¿qué es la violencia?
¿Aquella situación, cualquiera, en la que se pondría en riesgo a otra persona?
¿Un riesgo?, ¿diferentes formas de abuso?, ¿la violencia sexual?, ¿sólo física?, ¿…y la violencia económica?, ¿la religiosa… existe?, ¿la racial? Es indudable. ¿La moral, es no legítima? ¿la psicológica, por dónde comienza? Podríamos hacer una diferencia categorial de violencia, pensando con Freud y Lacan, la constitución del sujeto. Intentaríamos una división entre “violencia devastadora” y “violencia propiciatoria”. En esta última encontraríamos que el significante aparece violentamente irruptivo en lo real.
La historia de nuestro mundo se ha construido con rupturas sociales y culturales.
Se trata, hoy, del cambio referido al lugar de la mujer. Los movimientos que propugnaban esa transmutación han tenido influencia notable en las leyes sociales.
3. Violencia de género.
Se conoce como violencia de género a los actos violentos del hombre contra la mujer. Las Naciones Unidas la define como:
“Todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada” .
Los escritos sobre este tema se caracterizan por remarcar un desequilibrio de fuerzas, al que muchas veces se llama poder, y se insiste en una imagen de sometimiento, quedar a merced sin posibilidad de defensa.
No podemos ignorar la existencia de la llamada violencia de género, resultado de una suma estadística de casos particulares, que llegan a tener relevancia social.
4. Fuerza y Dominio.
Resulta común destacar que la contextura física del macho hace que éste posea primacía sobre la mujer.
Estamos dentro de lo que llamamos fuerza y la posibilidad de su uso en acto violento contra otro ser más débil.
Por su aspecto físico, como por el rol social, encargada del hogar, madre etc., la mujer fue considerada mítica, jurídica e históricamente como el sexo débil (Sexo imbécil, se le decía en el Derecho Romano).
Esto lo podemos rastrear en la bibliografía antigua, desde los griegos pero también en el Génesis del Antiguo Testamento: Dios crea a la mujer a partir de la costilla del hombre.
Habría que aguzar el sentido para diferenciar conceptualmente fuerza de dominio. Sería una cuestión que nos permitiría articular el psicoanálisis con estos otros discursos.
La violencia de un hombre sobre una mujer se caracteriza en general por ejercer la fuerza física a partir de un marco simbólico.
Decir que la violencia es constitutiva no es suficiente para el planteo que nos interesa. Tendríamos que recurrir a la llamada última enseñanza en Lacan para remarcar el goce como punto de partida en la intelección del fenómeno de violencia. (El goce implica tener un cuerpo y dicho fenómeno da cuenta de ello ya que se trata de la puesta en juego de cuerpos en fuerza).
El cuadro que Lacan introduce en el Seminario 20 sobre las ubicaciones del ser sexuado, indica que la posición masculina se mueve en el Todo, rechaza la diferencia que destruye esa totalidad, marca un límite, y su característica es el síntoma. La posición femenina surge con relación a lo ilimitado el No Todo, caracterizándose por el estrago, lo ilimitado que arrasa, estraga.
5. De los prejuicios a un juicio
Tratemos de precisar de otra manera la violencia de género. El cuerpo es puesto por el sujeto en juego dejando en evidencia un goce mortífero, sancionado y desconocido hasta ese momento. Sólo accesible si se logra responsabilizar al sujeto con “el desorden que hay en su mundo”.
Nos orientamos a partir del sin límite del lado femenino. Ese sin medida que mientras no pueda ser ubicado los empujará al desenfreno y riesgo sin sentido.
Lugar al que se accede para no caer como desecho. Aventurándose en eso que provoca horror, se podrá descubrir la ficción en la que se apoya la vida del sufriente. El horror puede llegar a ser el rechazo a asumir ese empuje hacia la violencia “amorosa”.
El analista debe estar advertido que, en casos de gran violencia física o psicológica, los relatos pueden llevarlo a emitir juicios de valor que son meros prejuicios. La orientación es a partir de los conceptos que nos permitan ubicar el punto de responsabilidad subjetiva y acompañar a aquel que quiera internarse en eso que es lo más íntimo del ser. Es el coraje de ir a encontrarse con esa intimidad la que permite concluir con un rasgo doloroso en la vida, con sus efectos no deseados. Surge aquí un juicio pero es el ético, y a partir de allí hacer otra cosa con eso.
Los actos de violencia, son imposibles de no sancionar. Pero en el transcurso de un tratamiento puede llegar a ubicarse que esa fuerza ejercida, le otorga al otro el dominio en la relación. Volviendo a jugar el juego en reverso.
6. A modo de conclusión
Recorrer juntos el camino de cada caso concreto se justifica en la medida que logremos, mediante la reflexión colectiva, aportar algún nuevo matiz a los conceptos establecidos y su relación entre sí.
De aquí podemos deducir que no es lo mismo fuerza que dominio.
Los textos de la época presocrática, nos muestran que en esos tiempos, la normativa vigente consagraba explícitamente el derecho del más fuerte, estableciendo la identidad entre fuerza y dominio, con el auxilio incluso de los dioses. Luego, tal identidad se tornó encubierta.
A partir de Hegel, y la función que estableció para el reconocimiento, en la relación amo-esclavo, la figura del esclavo es esencial para el amo, más allá de quién detente materialmente el poder. La permanencia en el dominio depende del reconocimiento externo de la posición asumida.
De ahí la necesidad (que tiene el vencedor) de institucionalizar, prontamente, los cambios socio políticos cuando se rompen de manera abrupta las correlaciones de fuerza preexistentes. Como dijo Talleyrand, el canciller de Napoleón, “las bayonetas sirven para cualquier cosa menos para sentarse sobre ellas”.
Cada vez que el hombre ejerce violencia sobre la mujer, está, de hecho, cediéndole su titularidad sobre la legalidad. Un ladrón que asalta a cara descubierta, puede exitosamente hacerse del botín, pero se condena a la clandestinidad, asumiendo la posición de victimario- delincuente. A partir de la mirada que la sociedad tendrá sobre él, será un preso o un fugitivo.
El victimario como el jugador (aunque gane, se asoma a la ruleta siempre para perder), establece una situación que funda un mecanismo: puede ser afortunado en primera instancia, pero su posición está, de por sí, destinada a revertirse en el futuro.
Cada vez que ejerce su fuerza, al perder su legalidad, está despertando un sistema, que lo incluye en una dependencia. Así como la mujer se encuentra “bajo sus manos” en el momento de la violencia, él se hallará luego a merced de ella, ante la sociedad, lugar en el que se debe vivir.
Ambos, entonces, tienen para ganar y perder en esa rueda que los atrapa, de la fuerza y el dominio. Es a lo que juegan mientras se les va la vida.
Verónica E. Carbone
Miembro de la A.M.P, E.O.L.
martes, 25 de octubre de 2011
EL PROCEDIMIENTO DE SUSY
El libro de Susana Romano Sued, PROCEDIMIENTO. Memoria de la Perla y la Ribera es el testimonio de una experiencia lacerante en dos centros de detención en la provincia de Córdoba durante la dictadura militar Argentina, que a fines de los años ’70 produjo 30.000 desaparecidos.
“Procedimiento” era la palabra usada por los militares para designar los operativos de captura y/o eliminación de personas.
Susana Romano Sued es, es poeta, es psicoanalista, es traductora y doctora en Filosofía, así como catedrática de Estética y Crítica Literaria Moderna en Córdoba-Argentina.
El texto que sigue es la presentación realizada por Mauricio Tarrab el 13-12-07
El procedimiento de Susy
Por Mauricio Tarrab
Conozco a Susy desde que éramos chicos. Es mi prima. Mi abuela no dejaba de hablar de ella, la adoraba.Fuimos algo lejanos durante demasiado tiempo. Ella en Córdoba, yo en Buenos Aires, solo alguna parada adolescente en su casa antes de irme a las sierras. Luego vinieron épocas desgarradas, caminos divergentes, años. Una vez supe que se había ido a Alemania. Luego, hace ya tiempo el psicoanálisis más que la familia, nos reunió otra vez; o habrá sido haber reconocido bordes y anhelos comunes, entrañables, que nos acercaron. Nos escuchamos, nos leímos.
Y un día, hace menos de un mes mientras cenábamos con Tricia, mi mujer, y para mi sopresa, me invitó a presentar su libro. Me lo dió y yo no sabía entonces de que se trataba. Meses antes me había dicho algo así: “escribí algo fuerte de una manera inédita”. No sabía qué quería decir con eso. Ahora lo sé.
Lo primero que tuve que hacer con este libro fue atreverme a leerlo. Cuando me lo dió lo dejé sobre mi escritorio y allí se quedó. Yo no lo abría y él no se movía de allí. Yo hacía como que no lo veía, pero su tapa partida no dejaba de mirarme. No me atrevía -se los digo en serio- no me atrevía a abrirlo, y eso que no había leído aún ni una letra. Me disculpaba conmigo mismo en qué tenía mucho trabajo, los pacientes, lo que yo mismo estaba escribiendo, excusas…
2
Cuando ya el tiempo no estaba más de mi lado tuve que abrirlo. Tuve que abrirlo porque quise hacerlo, claro. Porque quería estar acá. Y entonces ya no pude parar y lo leí de un tirón, alejándolo de vez en cuando para poder respirar.
Es un libro singular, de una escritura inédita. Si no se tratara de lo que se trata algunos párrafos podrían ser un haiku. Eso está ahí. Eso sucede. Eso pasa.
Uno puede abrirlo en la primera página, en la quinta, en la número 46, en el final, y siempre estará en el centro de la cuestión.
Lean este libro como quieran, pero lo abran donde lo abran todo estará ahí, en un párrafo que ahoga, en una línea que golpea, en una palabra que tiembla, que resuena, que grita.
Pensé que era el reverso del libro de arena de Borges, ese libro que nunca se volverá a abrir en la misma página. Este libro de Susy, lo abran donde lo abran estarán siempre en la misma página. Una pagina de cuya trampa no es nada fácil salir.
El “procedimiento” de Susy, su valentía es escribir en el borde del horror, rescatando trazas de memoria, jirones de cuerpos, pedazos reales del tiempo.
“Enrollo nuevas hojas, canjeadas, ocultas en harapos frenando borramientos de huellas, de historia, salvando, registrando en pronto recordar”
…
“aunque olvidamos mucho, bastante, cuidamos, resguardamos memoria rescatada salvada contra fragmentarios borrones”
El procedimiento de Susy, su valentía , y voy a decirlo así, su saber, es que cuando ya no se puede más hablar, cuando ya no se puede más decir, queda escribir, queda registrar, dejar huellas, marcas. Queda la inscripción, la talla en madera, en piedra si es posible, quedan las inscripciones cuneiformes, los bisontes de Altamira, las marcas de las uñas en la pared.
Cuando la subjetividad se aplasta, se desvanece, se extingue; cuando el Otro se deshumaniza, solo queda el deseo de la letra, el deseo de que algo se inscriba, aunque sea en la arena que el viento va a volver a llevarse. Queda eso, porque ese es el modo en que nos hemos humanizado, es eso lo que ha hecho con nosotros el Otro, el lenguaje, la cultura, o si Uds. quieren para imaginarizar la cosa, lo que ha hecho la Madre inscribiendo con su decir, su deseo sobre nuestro cuerpo. Y es alrededor de esa marca, de esa espina, de esa letra, alrededor de la que se construye toda la subjetividad humana.
El procedimiento de Susy, su valentía, nos da también pedazos de la brutalidad real de una experiencia que no se puede contar, una experiencia que no se puede medir y pesar, que no se puede poner en ningún formulario, pero que se queda adherida a quien lo lee.
3
Su procedimiento es intemporal. En el libro no hay pasado, ¡no hay pasado! La experiencia de lo intemporal es abrumadora. Su memoria no construye una historia, una trama, un final. Nos da en bruto el siniestro sinsentido del horror. La historia la construimos con la lectura que hacemos, desesperados por darle algún sentido a eso que está ahí, desesperados por darle un sentido, heroico, trágico, político, darle a ese sinsentido rotundo una orientación, un trayecto, un devenir, una salida. Pues no la busquen en el texto. El procedimiento de Susy es implacable.
Y el espacio… todo el espacio de ese mundo infernal, está aplanado, Hay un allá y un acá. Hay la nostalgia imaginaria del Allá, pero cuando eso vuelve, cuando la marejada vuelve, está de nuevo ese Acá que hace temblar.
Allá correcto orden y paz y calma, serenas maestras y aplomados maestros entrenados…felizmente arrullados, tranquilos, acariciados por tiernas y firmes palabras…
Acá ni sé que somos
Te digo, semimuertas
Pero el suyo, no es solo un procedimiento de memoria. Es también el uso material de la escritura. Y de eso está hecho su testimonio.
Así como César Vallejo imploraba para que España apartara de él su cáliz, pero no dejaba de escribir adentro de esa herida, Susy escribe.
Aromas dulces me hacen heridas sensoriales, alegran de vivir, aún si sangra, aún si astillas riegan de huesos mi rincón
…
vocaciones de sobrevivir
Ella hace su “esfuerzo de poesía” desgarrada y vibrante y viva, para que pueda escribirse en ese agujero infinito otra cosa. Para que pueda escribirse otra cosa, por venir. Es su manera de hacer memoria y es su manera también de dejarla atrás.
Por eso creo que hay que contradecir, a pesar del respeto que tengo por el personaje, a Adorno. Y a pesar de que él mismo –como me lo recordó mi hija ayer a la noche- se ha retractado de esa frase que se menciona en la contratapa de este libro . Hay que contradecirlo, cuando Adorno dice que “no puede haber poesía después de Auschwitz” . No, no es así, lo siento amigo Adorno, lo que no puede haber es Auschwitz, La Perla, La Ribera, la ESMAi. Nombres espantosamente criollos para el horror universal frente al que aún el buen Dios claudica.
4
Para terminar esta presentación, que es también la manera que he tenido de dar mi propio testimonio como parte de esa, mi generación, marcada a fuego por la desmesura de los ideales y por sus reversos siniestros, y marcada también por la insensatez, por tanta insensatez... tomo un párrafo en el que Susy hace escuchar la voz marcial :
Uds. no estarán, no dirán, no hablarán, no van a dejar rastros; si quedan, ninguno creerá; apostemos.
Y sin embargo aquí estamos, y entonces podemos decir que a pesar de todo… a pesar de todo, ellos perdieron la apuesta.
“Procedimiento” era la palabra usada por los militares para designar los operativos de captura y/o eliminación de personas.
Susana Romano Sued es, es poeta, es psicoanalista, es traductora y doctora en Filosofía, así como catedrática de Estética y Crítica Literaria Moderna en Córdoba-Argentina.
El texto que sigue es la presentación realizada por Mauricio Tarrab el 13-12-07
El procedimiento de Susy
Por Mauricio Tarrab
Conozco a Susy desde que éramos chicos. Es mi prima. Mi abuela no dejaba de hablar de ella, la adoraba.Fuimos algo lejanos durante demasiado tiempo. Ella en Córdoba, yo en Buenos Aires, solo alguna parada adolescente en su casa antes de irme a las sierras. Luego vinieron épocas desgarradas, caminos divergentes, años. Una vez supe que se había ido a Alemania. Luego, hace ya tiempo el psicoanálisis más que la familia, nos reunió otra vez; o habrá sido haber reconocido bordes y anhelos comunes, entrañables, que nos acercaron. Nos escuchamos, nos leímos.
Y un día, hace menos de un mes mientras cenábamos con Tricia, mi mujer, y para mi sopresa, me invitó a presentar su libro. Me lo dió y yo no sabía entonces de que se trataba. Meses antes me había dicho algo así: “escribí algo fuerte de una manera inédita”. No sabía qué quería decir con eso. Ahora lo sé.
Lo primero que tuve que hacer con este libro fue atreverme a leerlo. Cuando me lo dió lo dejé sobre mi escritorio y allí se quedó. Yo no lo abría y él no se movía de allí. Yo hacía como que no lo veía, pero su tapa partida no dejaba de mirarme. No me atrevía -se los digo en serio- no me atrevía a abrirlo, y eso que no había leído aún ni una letra. Me disculpaba conmigo mismo en qué tenía mucho trabajo, los pacientes, lo que yo mismo estaba escribiendo, excusas…
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Cuando ya el tiempo no estaba más de mi lado tuve que abrirlo. Tuve que abrirlo porque quise hacerlo, claro. Porque quería estar acá. Y entonces ya no pude parar y lo leí de un tirón, alejándolo de vez en cuando para poder respirar.
Es un libro singular, de una escritura inédita. Si no se tratara de lo que se trata algunos párrafos podrían ser un haiku. Eso está ahí. Eso sucede. Eso pasa.
Uno puede abrirlo en la primera página, en la quinta, en la número 46, en el final, y siempre estará en el centro de la cuestión.
Lean este libro como quieran, pero lo abran donde lo abran todo estará ahí, en un párrafo que ahoga, en una línea que golpea, en una palabra que tiembla, que resuena, que grita.
Pensé que era el reverso del libro de arena de Borges, ese libro que nunca se volverá a abrir en la misma página. Este libro de Susy, lo abran donde lo abran estarán siempre en la misma página. Una pagina de cuya trampa no es nada fácil salir.
El “procedimiento” de Susy, su valentía es escribir en el borde del horror, rescatando trazas de memoria, jirones de cuerpos, pedazos reales del tiempo.
“Enrollo nuevas hojas, canjeadas, ocultas en harapos frenando borramientos de huellas, de historia, salvando, registrando en pronto recordar”
…
“aunque olvidamos mucho, bastante, cuidamos, resguardamos memoria rescatada salvada contra fragmentarios borrones”
El procedimiento de Susy, su valentía , y voy a decirlo así, su saber, es que cuando ya no se puede más hablar, cuando ya no se puede más decir, queda escribir, queda registrar, dejar huellas, marcas. Queda la inscripción, la talla en madera, en piedra si es posible, quedan las inscripciones cuneiformes, los bisontes de Altamira, las marcas de las uñas en la pared.
Cuando la subjetividad se aplasta, se desvanece, se extingue; cuando el Otro se deshumaniza, solo queda el deseo de la letra, el deseo de que algo se inscriba, aunque sea en la arena que el viento va a volver a llevarse. Queda eso, porque ese es el modo en que nos hemos humanizado, es eso lo que ha hecho con nosotros el Otro, el lenguaje, la cultura, o si Uds. quieren para imaginarizar la cosa, lo que ha hecho la Madre inscribiendo con su decir, su deseo sobre nuestro cuerpo. Y es alrededor de esa marca, de esa espina, de esa letra, alrededor de la que se construye toda la subjetividad humana.
El procedimiento de Susy, su valentía, nos da también pedazos de la brutalidad real de una experiencia que no se puede contar, una experiencia que no se puede medir y pesar, que no se puede poner en ningún formulario, pero que se queda adherida a quien lo lee.
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Su procedimiento es intemporal. En el libro no hay pasado, ¡no hay pasado! La experiencia de lo intemporal es abrumadora. Su memoria no construye una historia, una trama, un final. Nos da en bruto el siniestro sinsentido del horror. La historia la construimos con la lectura que hacemos, desesperados por darle algún sentido a eso que está ahí, desesperados por darle un sentido, heroico, trágico, político, darle a ese sinsentido rotundo una orientación, un trayecto, un devenir, una salida. Pues no la busquen en el texto. El procedimiento de Susy es implacable.
Y el espacio… todo el espacio de ese mundo infernal, está aplanado, Hay un allá y un acá. Hay la nostalgia imaginaria del Allá, pero cuando eso vuelve, cuando la marejada vuelve, está de nuevo ese Acá que hace temblar.
Allá correcto orden y paz y calma, serenas maestras y aplomados maestros entrenados…felizmente arrullados, tranquilos, acariciados por tiernas y firmes palabras…
Acá ni sé que somos
Te digo, semimuertas
Pero el suyo, no es solo un procedimiento de memoria. Es también el uso material de la escritura. Y de eso está hecho su testimonio.
Así como César Vallejo imploraba para que España apartara de él su cáliz, pero no dejaba de escribir adentro de esa herida, Susy escribe.
Aromas dulces me hacen heridas sensoriales, alegran de vivir, aún si sangra, aún si astillas riegan de huesos mi rincón
…
vocaciones de sobrevivir
Ella hace su “esfuerzo de poesía” desgarrada y vibrante y viva, para que pueda escribirse en ese agujero infinito otra cosa. Para que pueda escribirse otra cosa, por venir. Es su manera de hacer memoria y es su manera también de dejarla atrás.
Por eso creo que hay que contradecir, a pesar del respeto que tengo por el personaje, a Adorno. Y a pesar de que él mismo –como me lo recordó mi hija ayer a la noche- se ha retractado de esa frase que se menciona en la contratapa de este libro . Hay que contradecirlo, cuando Adorno dice que “no puede haber poesía después de Auschwitz” . No, no es así, lo siento amigo Adorno, lo que no puede haber es Auschwitz, La Perla, La Ribera, la ESMAi. Nombres espantosamente criollos para el horror universal frente al que aún el buen Dios claudica.
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Para terminar esta presentación, que es también la manera que he tenido de dar mi propio testimonio como parte de esa, mi generación, marcada a fuego por la desmesura de los ideales y por sus reversos siniestros, y marcada también por la insensatez, por tanta insensatez... tomo un párrafo en el que Susy hace escuchar la voz marcial :
Uds. no estarán, no dirán, no hablarán, no van a dejar rastros; si quedan, ninguno creerá; apostemos.
Y sin embargo aquí estamos, y entonces podemos decir que a pesar de todo… a pesar de todo, ellos perdieron la apuesta.
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